La mayoría de los adolescentes sienten que tienen toda una vida por delante, pero la historia de Julia Furey fue muy diferente.

La residente de Sydney, Australia, fue diagnosticada con glomeruloesclerosis segmentaria focal (GEFS) cuando tenía solo ocho años de edad. Para cuando tenía 15 años, sus riñones habían empezado a fallar.

“El diagnóstico normal de GEFS es que enfermamos en la mediana edad, pero todos nos enfermamos antes de los 30”, dijo Furey en entrevista.

Julia y dos de sus tres hermanos tienen la extraña enfermedad genética, que causa insuficiencia renal.

“Un riñón normal eliminará los desechos tóxicos del cuerpo, pero el nuestro efectivamente envenena nuestros cuerpos”, comentó.

En el momento en que comenzó a enfermarse, sintió que tenía gripe, pero los síntomas empeoraron gradualmente. Desarrolló hinchazón en la cara, el cuello, la espalda y las piernas, y era incapaz de poner los pies en sus zapatos, sin a veces poder abrir los ojos por la mañana.

Los médicos intentaron tratarla con medicamentos contra el rechazo para detener o retrasar la falla del órgano, también se le administraron esteroides, pero nada funcionó.

Su función renal se desplomó desde alrededor del 80 por ciento hasta menos del 20 por ciento.

Fue así que Julia comenzó la diálisis peritoneal. “Tenía que someterme a diálisis cuatro veces al día, o podía hacerlo de forma continua hasta por 12 horas durante la noche”, mencionó.

La atleta, que alguna vez estuvo en forma y disfrutó del cross country y el netball, se transformó en alguien que no podía caminar, y tuvo que usar aparatos ortopédicos y una silla de ruedas para desplazarse.

“No estaba teniendo una buena calidad de vida, era muy frágil y había perdido tanto peso”.

Cuando Furey cumplió 18 años, decidió ir a la lista de espera para donación de órganos. Pero a pesar de que ella habría estado en la parte superior de la lista debido a su edad y buena salud antes de enfermarse, todavía tuvo que esperar un año por su ansiado riñón y el tiempo se acababa.

“Los doctores no pensaron que llegaría a mi cumpleaños 21”, declaró.

Afortunadamente para Julia, dos de sus tíos y un primo se ofrecieron voluntariamente para hacerse las pruebas y saber si eran compatibles.

Los médicos no querían que la familia inmediata de Furey donara porque no estaban seguros de si habría complicaciones debido a la historia genética. En ese momento, los donantes también tenían que tener el mismo tipo de sangre, lo que hacía más difícil encontrar un donador (esto ya no es necesario).

De esta forma, se descubrió que el tío de Julia era compatible y acordó donar uno de sus riñones.

“Tengo mucha suerte y es gracias a mi tío”, resaltó. “Él es una leyenda. Él es el héroe de la historia sin lugar a dudas “.

Donar un riñón es una operación difícil y dolorosa, y Furey lo describe como un regalo “verdaderamente altruista” que ha cambiado su vida.

 

Fuente: news.com-au