En este momento, 115,000 personas en Estados Unidos esperan un trasplante de órgano y cada 10 minutos alguien se agrega a la lista de espera de dicha nación.

Para Sarra Rexroad, el trasplante no era una opción. Rexroad, de 33 años, fue diagnosticada con insuficiencia hepática en junio de 2017. Su salud disminuyó tan rápido que fue demasiado tarde para considerar la cirugía, por lo cual falleció en septiembre.

Sus padres, Teri y John Rexroad, de Killingworth, Connecticut, apenas habían tenido tiempo de llorar a su hija cuando Teri, de 71 años, fue diagnosticada con insuficiencia renal terminal en ese mismo mes y estuvo luchando por su vida. Sin embargo, para Teri, un trasplante de órgano sí era una opción, y su esposo se ofreció de inmediato como voluntario.

“Fuimos a esa primera reunión para analizar la posibilidad de que ella pudiera recibir un trasplante. Y yo dije: ‘Quiero ser candidato'”, relató John, de 58 años. “Sabía que iba a perseguir la donación de órganos tan pronto como nuestra hija enfermó”.

Pero a los 58 años, ¿era demasiado viejo para donar? John pasó por meses de pruebas para confirmar que no tenía ningún problema médico subyacente. Un comité multidisciplinario de médicos y especialistas se reunió con él y revisó todos sus registros médicos. En diciembre, el comité le dio a John la mejor noticia: era compatible con su esposa.

“Fue casi un milagro”, dijo Teri. “Ciertamente es una bendición que haya funcionado de la manera en que lo hizo … Éramos optimistas, pero fue todo un viaje”.

El final de ese viaje llegó a principios de enero, cuando Teri y John se sometieron a sus respectivas cirugías el mismo día.

Los médicos estaban contentos con la forma en que se realizaron las operaciones y la pareja regresó a su hogar cuatro días después.

John no necesitó cambiar nada sobre su vida después del trasplante. Solo debe mantenerse saludable como lo haría cualquier persona normal, monitoreando su presión arterial, peso corporal y azúcar en sangre, señaló el doctor Bejon Maneckshana, cirujano de trasplantes de Hartford HealthCare.

Teri debería tener muchos años saludables por delante: los riñones vivos tienden a durar más que los riñones de donantes fallecidos, agregó el médico. Sin embargo, deberá tomar medicamentos anti rechazo por el resto de su vida.

“Todo está bien. Muy bien”, afirmó Teri. “Somos personas muy, muy afortunadas. Y no nos olvidamos de eso”.

 

Fuente: Today