Este verano, Paul Parsons, de 68 años, celebrará su vigésimo cumpleaños.

En junio próximo, habrán pasado dos décadas desde que al hombre de Oakville, en Ontario, Canadá, recibiera una segunda oportunidad de vida gracias a la compasión de una generosa familia y al talento de los médicos del Hospital General de Toronto (TGH).

Parsons tenía 47 años, era el vicepresidente de ventas de una compañía manufacturera y, en un viaje de negocios a Edmonton en 1997, comenzaron los síntomas.

“Empecé a sentirme mal; No estaba seguro de lo que estaba pasando “.

El dolor abdominal grave no disminuyó, por lo que voló de regreso a Toronto al día siguiente y fue directamente al hospital. Una serie de pruebas sólo revelaron que algunos de sus recuentos de hígado estaban levemente fuera de rango.

“Me examinaron para todo tipo de problemas diferentes, ninguno de los cuales resultó positivo”.

Posteriormente, el médico ordenó una prueba para la Deficiencia de Antitripsina Alfa 1, una enfermedad bastante rara, para la que Paul dio positivo.

El diagnóstico vino con la noticia de que la única opción para esta enfermedad genética era un hígado nuevo; no había medicación, ni tampoco cura.

Junto con la debilidad aguda y el dolor abdominal continuo, Parsons desarrolló diversas complicaciones, entre ellas trombosis venosas profundas en la pierna derecha y acumulación de líquido en el abdomen, que tuvo que drenarse semanalmente.

Tres meses después de que su nombre fuera agregado a la lista de trasplantes, Paul recibió la ansiada llamada. Él y su esposa Cecilie se dirigieron de inmediato al TGH para los procedimientos preoperatorios. Una vez terminados, el hombre fue ingresado al quirófano, donde recibió su hígado nuevo.

“Eso fue hace 20 años y nunca tuve un problema, nunca tuve un rechazo. Hago todo lo que solía hacer antes del trasplante. Jugué baloncesto en la universidad y todavía juego baloncesto. Soy un golfista con seis handicap, el más bajo que he tenido”, comentó alegre Parsons.

“Algunas personas piensan que después de la donación de órganos estás decrépito, que simplemente no tienes la misma calidad de vida. Ese no es el caso, en absoluto”, agregó.

Parsons, ahora vicepresidente de ventas de una compañía de software, ha participado en dos Juegos Mundiales de Trasplantados celebrados en lugares de todo el mundo.

“Todo el propósito es demostrar qué tan bien funciona la donación de órganos y que todas estas personas pueden llevar una vida sana, feliz y normal después de los trasplantes. El objetivo es aumentar el conocimiento sobre la donación de órganos y también las inscripciones”, finalizó.

 

Fuente: InsideHalton.com