Una madre se sometió a una doble donación de órganos para salvar la vida de su hijo de cuatro años. Sarah Lamont le dio a su pequeño Joe uno de sus riñones, apenas unos meses después de que le practicaran una cirugía en la que se le extirpó una parte del hígado para trasplantarlo al menor.

Los médicos aceptaron el arriesgado procedimiento de colocar a Sarah, originaria de Ballymena, Irlanda del Norte, de nuevo bajo el bisturí, pues de no hacerlo Joe podría haber esperado años por un riñón donado.

“Sus riñones estaban enormemente agrandados, ocupando todo su abdomen, aplastando sus pulmones y todos sus otros órganos. Me dijeron que mi bebé no sobreviviría”, comentó Sarah.

“La gente te ve en un bache y automáticamente dice: ‘¿Cuándo estarás lista?’… Recuerdo haber intentado volver al trabajo durante una semana después de que [me dijeron que no sobreviviría] y no podía”, añadió la valiente mamá.

Los riñones enfermos de Joe fueron removidos cuando tenía solo unos días de vida, y ha estado en diálisis desde entonces. Sarah le donó un lóbulo de su hígado al niño en enero de 2017, y se sometió al trasplante de riñón tan solo siete meses después, en agosto del mismo año.

Estos increíbles regalos que Sarah le dio a su hijo significan que Joe podría, por primera vez, vivir sin tener que realizar visitas al hospital casi a diario.

Para el segundo trasplante, Joe fue ingresado al Birmingham Children’s Hospital, mientras que Sarah ingresó en el Queen Elizabeth Hospital de Birmingham.

Durante la operación coordinada entre ambos nosocomios, los cirujanos extrajeron el riñón de Sarah mientras el servicio de mensajería esperaba recoger y transportar el órgano poco más de 6 kilómetros en ambulancia, donde ya estaban los cirujanos listos para trasplantarlo en Joe.

Después de varios meses recuperándose, Joe luce como el más saludable de todos los niños de su edad, incluso ha podido nadar por primera vez en su vida.

Probablemente tome medicamentos para siempre, pero su calidad de vida ha aumentado dramáticamente, así como su felicidad y la de su madre Sarah.

 

Fuente: Metro