Lo que comenzó como una amistad entre dos madres cuyos hijos jugaban hockey en el mismo equipo se convirtió en algo mucho más grande. Ambas se convirtieron en almas gemelas gracias al regalo de dar vida a alguien más.

Era 2008 cuando Sarah McCartin, de North Branford, Connecticut, en Estados Unidos, conoció a Michelle. Ocasionalmente, las familias se juntaban para cenar.

“Me cayó bien de inmediato”, dijo McCartin sobre Michelle. “Nos hicimos amigas”.

Ya en 2013, los hijos de estas mujeres todavía jugaban al hockey, pero en diferentes equipos, por lo que rara vez se veían o comunicaban entre sí. Un día, Sarah vio una publicación en Facebook que cambiaría la vida de ambas. El mensaje decía que Michelle necesitaba un riñón.

“No podía creerlo”, comentó McCartin, pues nunca supo que su amiga estaba enferma. “Solo sentí que si estaba lo suficientemente saludable como para salvar la vida de alguien, ¿cómo no lo haría?”

Tras varias semanas de innumerables exámenes médicos, McCartin supo que no solo era una pareja compatible para Michelle, sino que era la pareja perfecta para ella.

Al principio, a Sarah no se le permitió decirle a Michelle que sería su donante de órganos. Cuando Michelle finalmente supo que era McCartin, esperó que todo saliera bien durante la cirugía.

“Me quedé impresionada”, apuntó Michelle sobre el acto desinteresado de McCartin. “No podía creer que ella había dado ese paso”.

Desde sus días en la universidad, Michelle había estado viviendo con una afección hereditaria, la enfermedad renal poliquística (PKD, por sus siglas en inglés), que causa la formación de cúmulos de quistes en los riñones. La afección no tiene cura y, en muchos casos, puede presentarse insuficiencia renal a los 60 años. Michelle tenía otros miembros de su familia que también sufrían de PKD, pero recibieron trasplantes de riñón exitosos.

El 22 de agosto de 2013, las dos mujeres fueron sometidas a cirugía en el Hospital Yale-New Haven.

“No me arrepentí, no pensé dos veces”, aseguró Sarah.

Dos días después de la operación, McCartin fue dada de alta del hospital, pero se le exigió que dejara de trabajar durante seis semanas. Hasta la fecha, ella no ha experimentado ninguna complicación como resultado de la intervención. Y Michelle ahora está sana y se siente genial.

 

Fuente: Catholic Transcript Online