Después de mudarse de las Islas Cook para recibir tratamiento de salvamento en Nueva Zelanda, el bebé Dominic Joseph-Kura recibió un trasplante de hígado gracias a una familia de la ciudad de Invercargill, en dicho país.

Cuando el joven Lachlann Muhl murió en enero del año pasado, a los 14 años, sus familiares decidieron donar sus órganos a quienes los requirieran. Lachlann era un muchacho en forma, saludable y activo, pero también amable y muy generoso.

Cuando sus padres tuvieron que decidir si donaban sus órganos, no lo dudaron. A la familia Muhl no se le dijo quiénes serían los receptores de estos regalos de vida, solo que había cuatro personas y que todas eran varones.

Su corazón salvó a un adolescente de su edad, sus riñones a un hombre de unos 30 años y a otro de 60, y su hígado al bebé.

En junio del año pasado, gracias al poder de las redes sociales, la familia Muhl encontró al afortunado infante, un niño de un año. Ahora, las dos familias comparten una conexión especial.

Dominic, que actualmente tiene 18 meses, padecía atresia biliar (obstrucción del flujo de bilis del hígado hacia la vesícula) y le dieron dos semanas de vida antes de que su trasplante lo salvara.

Su abuela, Tangi Ruvea, tomó la decisión de trasladarse a Nueva Zelanda con la esperanza de encontrar una cura para su enfermedad, desconocida en ese momento.

“No había mucho que pensar, solo dije que iría al extranjero por una cura y volvería a casa”, comentó.

La madre de Dominic, Moeara Joseph, tenía 19 años y estaba terminando la escuela, por lo que Ruvea tuvo que dejar a su esposo y otros niños para trasladarse al Hospital Infantil Starship, en Auckland. Ya en Nueva Zelanda le diagnosticaron la atresia, y en la semana de su trasplante le dijeron que tenía dos semanas de vida, declaró Ruvea.

La familia voló desde Raratonga durante este tiempo y nunca dejó de rezar. Sin embargo, cuando recibieron noticias de que había un hígado para Dominic, fue muy emotivo, añadió.

La madre de Lachlann, Marie Muhl, fue quien encontró a la familia mediante las redes sociales, pero Ruvea dijo que ellos también estaba buscando a la familia donante.

“Me sentí feliz cuando conocí a Marie. Teníamos mucho en común, para mí fue una bendición conocerla […] El amor que tiene por su hijo ahora está en Dom”, le dije. “Este chico siempre será parte de nuestra familia”.

Las familias planean mantenerse en contacto, especialmente porque Dominic debe vivir en Nueva Zelanda durante al menos 10 años para su monitoreo.

Hasta el momento, el desarrollo de Dominic está yendo bien y ha mostrado grandes mejoras, incluso ha comenzando a hablar, resaltó su abuela.

“Es un niño fuerte y nunca se da por vencido”, afirmó.

Su madre lo cuidará en Nueva Zelanda con visitas del resto de su familia.

 

Fuente: Stuff